La intensidad del lapislázuli de Afganistán encuentra su equilibrio en la organicidad de las semillas y la nobleza del bronce, dando origen a un collar corto de espíritu auténtico y refinado. Cada elemento dialoga con armonía para crear una pieza que evoca la riqueza de los paisajes y la profundidad de la materia.
Su cierre, confeccionado artesanalmente en bronce con enchapado en oro de 18 quilates, refleja el cuidado puesto en cada detalle. De peso liviano, acompaña el uso cotidiano con naturalidad, convirtiéndose en un símbolo de elegancia atemporal.